PARTIDOS Y MEDIOS
Por: Salvador Armendáriz Rocha
Investigador del Colmex
México, D.F., 11 de marzo de 2005
La sucesión presidencial
de 2006 se ha convertido en tema común en todos los foros
y lugares de reunión. Periodistas, políticos, intelectuales,
historiadores, investigadores, comentaristas, analistas y politólogos
escriben todos los días sobre el tema. Son pocas las personas
que no participan con sus comentarios y opiniones en el desarrollo
de la opinión publica sobre de este interesante proceso.
Amén de que coincidan o estén de acuerdo con lo que
realmente sucede, con distintos instrumentos de medición,
diversos métodos, formatos y objetivos, todas las semanas
se difunden resultados sobre la situación que guarda el proceso
de la próxima elección presidencial.
Los expertos afirman que la lógica
de las decisiones en los partidos políticos de mayor relevancia
nacional (PAN, PRI, PRD) está lejos del determinismo de los
medios de comunicación y que la opinión pública
puede ser uno de sus referentes, pero está lejos de ser factor
de decisión; tienen razón, aunque hay personajes que
logran revertir la realidad; empero, conforme a los más recientes
(simples o sofisticados) estudios de opinión, encuestas,
mediciones y escenarios políticos, hoy son tres los principales
actores para la elección presidencial: Santiago Creel Miranda
por el PAN, Andrés Manuel López Obrador por el PRD
y Roberto Madrazo Pintado por el PRI. Las preferencias electorales
los señalan como los más destacados entre sus partidarios
para competir en una reñida elección que marcará
la ruta que México ha de seguir en el período 2006-2012:
entre los panistas, Creel tiene el 57% de las preferencias; entre
los perredistas López Obrador cuenta con el 66% y de los
priistas, a Madrazo le favorece el 54%. Ni más, ni menos.
Los catorce ejercicios de diferentes
casas, realizados en lo que va del año, coinciden en la información
fundamental: ningún otro aspirante aparece en primer lugar
en los tres grandes partidos. Esta prueba de ácido nos permitiría
afirmar que si bien los estudios de opinión son fotografías
instantáneas, aún y cuando se utilicen distintas cámaras
y enfoques, de una u otra manera, reflejan una misma realidad.
Habría que acotarse que el
sistema de partidos políticos en el país impide participar
a candidatos sin partido. Es decir, que la decisión final
de quienes puedan o deban participar en los procesos electivos,
la toman las dirigencias de los partidos. Quien se encuentra lejos
de un partido, pocas o nulas son sus posibilidades. En vía
de ejemplos pueden mencionarse dos casos: un viejo militante del
PRI que desde hace un año por su cuenta recorre inútilmente
el país y en su partido ni lo reciben; dos frustrados aspirantes
ciudadanos, que infructuosamente buscan la candidatura de Convergencia.
Dos de los principales partidos
políticos (PAN y PRD) se encuentran en el proceso de renovación
de sus dirigencias, como paso previo rumbo a la contienda por la
presidencia de la república. En los ámbitos decisorios
de esos partidos los grupos en contienda procuran alcanzar la mayor
dotación de poder interno en la organización para
apoyar los proyectos presidenciales de sus precandidatos.
El sábado pasado el PAN eligió
a su nuevo dirigente nacional, el PRD está por celebrar su
proceso electivo y en el PRI, una vez que su dirigente nacional
salga en busca de la postulación –probablemente en
julio- se realizará la elección de un nuevo dirigente.
En el PAN, al triunfar Manuel Espino
Barrientos ante Carlos Medina Plascencia, el poder del secretario
de gobernación Santiago Creel se impuso ante las familias
que, con honrosas excepciones, por años vivieron muy bien
en la cómoda posición de la oposición. Es por
ello que cuando dichas familias y su partido llegaron al gobierno
en ancas con un candidato exitoso al frente, no supieron que hacer;
más que impulsar un visionario proyecto de nación,
pelearon las plazas burocráticas e hicieron lo mismo que
Ernesto Zedillo, pero a la inversa: guardaron distancia con el presidente
de la República, llegando al extremo de enfrentársele,
en vez de sumarse al proyecto presidencial.
Afirmaríase que con Manuel
Espino en el PAN, el jefe del partido es cercano al jefe del Ejecutivo,
sin más discusión, y en esa suerte, el candidato del
partido será Santiago Creel, quien cuenta con un valor agregado,
que los expertos denominan plus: el apoyo absoluto de la nueva organización
sindical de los burócratas que encabeza la jefa de los maestros,
la poderosa Elba Esther Gordillo. Con el sorpresivo triunfo en el
PAN Creel, ha demostrado que sabe bien lo que trae entre manos y
que prácticamente tiene asegurado su pase de abordar en primera
clase, para participar en la elección presidencial.
Respecto a los demás aspirantes
del PAN: Felipe Calderón, Francisco Barrio y Alberto Cárdenas,
ellos mismos reconocieron menguadas sus fuerzas al haber apostado
su capital político a favor del perdidoso Medina Plascencia,
quien por cierto demostró chicura al verse derrotado: ellos
se lo pierden, dijo Medina con los ya conocidos ojos llorosos.
En el PRD se puede afirmar que el
aspirante puntero Andrés Manuel López Obrador se impondrá
al partido y, por tanto, es seguro que en corto tiempo su candidato
Leonel Cota Montaño llegue a la presidencia del Comité
Ejecutivo Nacional.
El legendario Cuauhtémoc
Cárdenas perdió terreno en el PRD desde que se acobardó
ante los escándalos de corrupción de Carlos Ahumada
que involucraron a sus protegidos, entre ellos a Rosario Robles,
y prefirió dejar el partido en otras manos y dirigir desde
lejos una estrategia de control de daños para evitar que
las llamas del fuego de la corrupción del gobierno del D.F.
llegaran a sus oficinas y a las de su hijo en Michoacán.
Dicen los que saben que en la adversidad más adversa –valga
la redundancia- es en donde se sabe, de que están hechos
los líderes y gobernantes.
En esas condiciones, el único
factor de riesgo que pudiera impedir la candidatura de López
Obrador sería la demanda por desacato que se haría
efectiva al momento que el jefe de gobierno se separe del cargo
ya sea por el desafuero, o para buscar la candidatura presidencial.
Es así, que Cárdenas volvió hace poco tiempo
a los reflectores; sabe que tendrá una nueva oportunidad
de ganar, como lo ha hecho, dentro o por fuera de la elección
presidencial (él sabe como hacerlo). Acostumbrados a prever
el futuro, la afirmación que hicieron la semana pasada los
banqueros es correcta: pueden aceptar un presidente de izquierda;
se refieren a Cárdenas, puesto que saben bien como trabaja.
En el PRI la suerte esta más
que echada. El aspirante mejor posicionado no tiene la necesidad
de convencer al presidente de su partido, toda vez que el mejor
aspirante se encuentra en la cúspide del tricolor y no es
juez y parte, como algunos afirman; más bien es un león
rasurado. Una de las fortalezas del presidente del tricolor consiste
en tener el control absoluto de la maquinaria y el voto duro partidista.
Los miembros del Grupo de Unidad democrática (TUCOM) saben
la realidad de su precaria posición y más que la candidatura
presidencial, lo que buscan es una oportunidad de trabajo en la
estructura del futuro gobierno.
Roberto Madrazo ha hecho lo que
pocos en el PRI: remontar la adversidad solos, ante un presidente
de la República que lo odiaba. Al desafiar el poder presidencial,
(como lo hizo su padre Carlos frente a Gustavo Díaz Ordáz)
el entonces gobernador de Tabasco Roberto Madrazo, enfrentó
durante el sexenio pasado el odio de Ernesto Zedillo contenido en
una filosa campaña de desprestigio que tuvo como propósito
sepultarlo políticamente; casi lo logran los duchos estrategas
de la presidencia.
Sin embargo, Madrazo superó
toda clase de obstáculos y con el gobierno de Fox ha logrado
imponer su liderazgo al frente de un partido de oposición,
que no es cosa menor. Cuando Francisco Labastida perdió en
julio de 2000 ante Vicente Fox, el partido tricolor quedó
desarticulado, desvencijado y quebrado en todos los sentidos, al
grado de que el propio Labastida en aquél entonces desdeñó
la posibilidad de tomar la dirigencia nacional.
Acostumbrado a nadar de dorso, todos
los días avanza Madrazo en su proyecto, y en la pasada XIX
Asamblea Nacional del PRI demostró ante la sociedad quien
es el verdadero y único líder de los priistas y por
que no hay otro que lo aparte de la candidatura presidencial del
tricolor.
Los demás contrincantes priistas,
agrupados en el TUCOM, sufren la nostalgia del viejo presidencialismo,
en el que había un árbitro que decidía a quien
le daban el balón.
Su aportación ha sido pobre:
más que programas y propuestas, pelean su posición
personal. La costosa propaganda que hacen no entusiasma ni a sus
más cercanos colaboradores. (Eduardo Bours, gobernador de
Sonora, ha demostrado más congruencia, dignidad y tamaños).
Para suplir a Madrazo en el CEN
del PRI los miembros del Grupo de Unidad Democrática (TUCOM)
también piden mano y esperarían que como primer premio
de consolación, uno de ellos fuera el afortunado. El que
poco arriesga es poco lo que gana y en el juego de 2006 los miembros
del TUCOM no quisieron arriesgar nada. Es por ello que entre los
priistas existe la certeza de que el próximo dirigente nacional
saldrá de una terna plural que encabeza Manlio Fabio Beltrones
Rivera, cuya capacidad y liderazgo resultan compatibles con los
tiempos que viven los partidos políticos en México,
aún y cuando, como dicen los clásicos, estén
lejos del determinismo de los medios de comunicación
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