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¿Qué
paso con el gabinetazo?
A
propósito de su tercer informe de gobierno, el Presidente
Vicente Fox hará la evaluación del estado que
guardan los asuntos públicos a su cargo. Pero no será
el único en hacer el balance, ni en cargar con la responsabilidad.
A la glosa de los legisladores se sumará la opinión
de personas y sectores que, desde perspectivas distintas pero
igualmente válidas, ponderarán el desempeño
del Ejecutivo y el de sus colaboradores. Es de prever que
el veredicto no será satisfactorio: los resultados
son escasos; los desatinos, notorios; las promesas diferidas
y los compromisos incumplidos. Falta ver si habrá madurez
para admitir fallas e iniciar enmiendas; para adoptar decisiones
que parecen impostergables y someter al gabinete a un serio
escrutinio.
Según
la reciente encuesta levantada por el diario Reforma, es en
general reprobatoria la nota que un grupo representativo da
al trabajo de la mayoría de los miembros del equipo
presidencial. No es percepción distante o desinformada,
menos aún la postura de un crítico agudo o un
opositor feroz. Es el punto de vista de quienes tienen contacto
con tales funcionarios o con las dependencias que les fueron
confiadas; que ven de cerca cómo operan y saben si
son eficaces al encarar los problemas. De ahí lo autorizado
del juicio emitido y lo elocuente de la bajísima valoración
asignada: de la decepción a la descalificación;
del voto de confianza a la moción de censura. El fracaso
del régimen, encarnado por sus protagonistas.
Pese a las expectativas de muchos, de que con Fox llegaba
al poder un nuevo tipo de administradores, supuestamente formados
en la eficiencia y la productividad, en las oficinas que alguna
vez ocuparon hombres como José Vasconcelos, Jaime Torres
Bodet, Jesús Reyes Heroles o Luis Donaldo Colosio,
hoy despachan, en la mayoría de los casos, personas
sin trayectoria ni perfil, carentes de oficio político
y capacidad de gestión; que desdeñan al interlocutor,
evidencian su torpeza y dan reiteradas pruebas de insensibilidad.
Que, si se les conoce, es por pifias y ocurrencias; por la
proclividad a hablar y dar de qué hablar.
Gente
que no concreta proyectos y deja que se le compliquen o se
le escapen; que ante las irrupciones violentas y la ruptura
de la legalidad se contenta con observar y declarar; que no
resuelve nada y, por el contrario, atiza el descontento y
la desesperación con ideas peregrinas, como hacer de
los campesinos empresarios, y de los desempleados, autoempleadores;
que lejos de estar a la altura de sólidas instituciones,
las lleva a un sistemático deterioro.
Ese
es el el gabinetazo al que Fox "contrató por seis
años". Sin embargo, es tiempo de reflexionar y
corregir. Si bien sigue reacio a reconocer que hizo malas
designaciones, es necesario que analice la actuación
de cada uno y comprenda si, en efecto, se contribuye a fortalecer
el espíritu de cuerpo que debiera traducirse en unidad
y eficiencia. No es cuestión de transmitirles confianza
o solidaridad a sus empleados, sino debilidad e incongruencia.
Falta de liderazgo.
No
deja de ser paradójico: el Presidente que llega a la
mitad del camino protestando porque, a decir de él,
otros no apoyan sus iniciativas y propuestas, olvida que es
libre de nombrar y remover a los miembros del gabinete que
lo ameriten. No necesita permiso de nadie para hacerlo, si
acaso conviene que mejore el tino. Ganaría su gobierno
y, lo que más cuenta, el país se vería
beneficiado.
*ccq@cesarcamacho.org.mx
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August 29, 2003
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