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Senador
Óscar Cantón Zetina
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Octubre 20 de 2003 ocanton.spri@senado.gob.mx
Colaboración Periodística
IFE
Rechazo a la Reelección de Consejeros Electorales
En
un insólito acto público, por contradictorio,
el presidente Fox convocó en días pasados a
los mexicanos para que no dejen que “actos como la corrupción
sean parte de nuestra vida diaria".
La
convocatoria presidencial resulta inaudita, pues proviene
de un infractor electoral, quizá el mayor de todos
los tiempos, que sin empacho llama a luchar contra la corrupción,
inmediatamente después de la confirmación oficial
de los fraudes y corruptelas del foxismo.
Fox
pretende limpiar así, con una cortina de humo, la ilegalidad
de su campaña del 2000. Supone que el pueblo mexicano
pasará por alto los delitos confesos de los llamados
Amigos de Fox que gozan de impunidad gracias a la complicidad
de consejeros del IFE, pero se equivoca.
En
la modernidad democrática, ningún ilícito
político debe quedar impune. El presidente Fox, con
su silencio inculpador, lejos de fortalecer a la institución
electoral que con gran esfuerzo crearon los mexicanos, la
puso en grave riesgo al pulverizar su credibilidad y confianza.
El
Instituto Federal Electoral es una creación del pueblo
y para el pueblo mexicano y con toda energía deber
ser preservado de los estafadores de dentro y de fuera.
No
es posible que consejeros electorales, con acciones más
propias de delincuentes de cuello blanco que de funcionarios
dignos y probos, den la espalda a la sociedad y defiendan
supuestas líneas de investigación que más
bien son burdas tapaderas.
El
IFE manipuló el caso de los Amigos de Fox y del cúmulo
de ilícitos sólo presentó a la luz pública
pecados menores, cuidando en todo momento que el pecador mayor
quedara oculto; hasta le extendió carta de buena conducta
a Fox que delinquió para ganar la presidencia.
La
doble moralidad del consejero presidente José Woldenberg,
es evidente. Transita de la izquierda a la derecha. Es un
hombre que pontifica torciendo la ley y en ello lo acompaña
con singular alegría el consejero Alonso Lujambio.
Pasará poco tiempo para verlos en la nómina
foxista o en alguna lista plurinominal para un cargo de elección
popular.
Fox
siempre estuvo enterado de todos los ilícitos cometidos
por quienes lo financiaron. Eso lo sabe todo mundo. También
el IFE. Es por eso que la actuación de consejeros electorales
y otros funcionarios públicos en el caso de “Los
Amigos de Fox” bien podría encuadrarse como crimen
organizado al amparo del poder.
Este
abuso lastima a la democracia, pero, sobre todo, significa
una burla para los mexicanos que esperan que el Poder Público
sea el primero en cumplir con la ley.
La
historia registrará que Fox detentó de manera
ilegal la titularidad del Poder Ejecutivo Federal, pues ante
los señalamientos oficiales de los delitos electorales,
sólo guardó un elocuente silencio. Al callar,
Fox asume su ilegitimidad como presidente de la República.
Está
documentado que Fox emitió pagos para sus amigos, que
cobraba mensualmente dinero negro y que cuando ganó
las elecciones recibió 300 mil pesos. Todo lo incrimina
y el silencio es su respuesta.
Lino
Korrodi lo ha manifestado reiteradamente. Hasta circula un
libro que detalla cínicamente el fraude electoral cometido
por Fox y sus Amigos.
Frente
al silencio foxista existen suficientes testimonios de que
la Comisión de Fiscalización del IFE no investigó
exhaustivamente, incluso, se afirma que actuó con precipitación,
ligereza e irresponsabilidad. En el colmo, no se sancionó
la falta más grave, que es el sistema de financiamiento
paralelo y la obtención de recursos del exterior.
En
el dictamen del IFE no se analizaron casos básicos
como la forma de fraguar conductas ilícitas, que sería
asociación delictuosa, ni las aportaciones privadas,
ni el sistema ilegal de financiamiento.
Y
en el colmo del cinismo, hay consejeros del IFE que pretenden
reelegirse, ahora que habrá de renovarse su Consejo
General. Sería una aberración que así
ocurriera, pues se corre el riesgo de que se queden a concluir
su obra de demolición del organismo electoral.
Las
complicidades de consejeros electorales con los Amigos de
Fox debilita el andamiaje institucional del país. El
Congreso de la Unión, el Poder Legislativo en su conjunto,
debe frenar con toda energía tales despropósitos.
Ante
la magnitud del fraude y la burla de que han sido objeto millones
de mexicanos que votaron por Fox, no se puede permanecer callado.
El auto llamado “gobierno del cambio” pretende
tapar el sol con un dedo al condenar el pasado, mientras corrompe
el presente y envenena el futuro.
Fox
y sus amigos, los del IFE y los anteriores, deben ser sometidos
al imperio de la ley. El estado de Derecho nunca será
vigente en México si no se somete a los delincuentes
electorales, así ocupen los cargos más relevantes
en organismos autónomos o la administración
pública federal.
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