|
VIERNES
SANTO EN JEREZ

Viernes
Santo
Por.- Ricardo Santoyo Reveles
Solo
y cada año me silencio ante el misterio milenario,
que lleno de muerte llega en una travesía en sombras
de dolor, luto y espiritualidad; sin jubileos de madrugadas,
de tardes y noches sin compasión, que por la espera
y el descanso de cuaresma, nos obligan al silencio que
de paso nos lleva peregrinos, tras un ataúd y una
madre en llanto.
Pobres infieles, que cada vez equivocamos la fragilidad
del cuerpo, sobre las inmortalidades sangrantes de clavos
y espinas, de lágrimas vestidas de negro en mantos
maternos que llevan las manos asidas en un sordo sollozo
que mira dentro del cristal que cargan los parroquianos
en caminata.
Y así perplejos unos callan, mientras otros prosiguen
en voz baja con las dos alternativas de bullicio y humildad;
la mirada se pierde vagamente, inmisericorde, va de suerte
callejera encontrar al dedicado penitente, Así
en lástimas del hoy me duelo de la aglomeración
de los seguidores nazarenos, porque no me veo en sus almas
caídas, ni en sus irreverentes posturas que murmullan
al paso.
El drama esperado invita a suspender momentáneamente
toda actividad, pero atisbo el luto general ya que van
en sombras y sin ponerse de rodillas, ni mantos o moños
de recuerdo atavían la pasarela, que va como el
tambor alejando su sonido.
En donde localizar la pérdida enigmática,
cómo retomar la infancia olvidada para comulgar
con digna presencia, ante todos, con la pena de confesar
toda dolencia callada, toda omisión y perpleja
actitud mostrada a través de cada injuria, de cada
mentira.
No sabemos lo que hacemos y pedimos el perdón divino
sin elocuencias, llenos de vanidad y vergüenzas inconfesables.
Callan las voces y me pregunto ¿por cuánto
tiempo?, No lo sé y será mientras otras
chistan en reclamo sorpresivo, la alarma ha sonado, nos
damos cuenta por el llorar del niño que va de brazos
de su madre y con hambre, ella pidiendo al cielo, la criatura
alzando su voz en reclamo general por el pan que no ha
llegado a su boca.
Sorbos de angustia nos faltan en tan amnésica visión,
nos hemos colmado de nuestra fiesta interna, aludidos
pero serenos y vacíos de compasión. Nuestra
sangre se derrama internamente pero nadie ve la herida,
ni la torrencial mancha de entre nuestras manos; estamos
pecando al igual que lo hicieron los sicarios romanos,
somos de la muchedumbre que con morbo vio la hora del
trance como un acontecimiento de exhibición.
Este mismo día repetimos el error del entendimiento,
solo estamos expectantes, ninguna yaga nos toca por nuestras
sangres secas y llenas de olvido. El luto de tiempos idos
solo nos pasa como a los muertos secos que quedan perdidos
entre las multitudes, sin aroma ni hedor que nos conduela,
tenemos el alma rancia de omisiones, cadáveres
que solo los espantan las voces de los fanáticos.
¿Acaso tenemos por ropaje el sediento anhelo de
la divinidad?, No hay tal y coincidimos a solas por nuestro
propio epitafio en letargos de vanaglorias de nuestra
ilusoria eternidad terrenal; al menos de sombrero bajo
demos por atendido el suplicio, al nuestro que nos viene,
el que no vemos, como el conoce y que calla en suspicacia;
así nos tocamos el corazón sin espinas,
con coronas propias de frágiles momentos que van
de coloridos olvidos tras un manto negro y un cuerpo inerme
bajado del cadalso erigido en cruz.
El esplendor de la vida nos apresa y nos carcome, no hay
tribunal que atestigüe nuestras faltas ante el acontecimiento,
vamos perdidos y saciando nuestra ignorancia cada año
en celebres festines de glorias pueblerinas.
Al menos, demos fervor a los tiempos y que cada uno lleve
su cruz en conciencia limpia, y que aún en la soledad
tengamos un pequeño lazo de equidad frente al otro
que pide una y otra vez piedad, misericordia, apoyo y
ayuda, por humanidad.
Ayunamos, sí pero hasta saciar todo apetito, toda
glotonería en panes llenos de teleras asiduamente
cortadas, cocos, leches, cajetas y destellos de confites
azucarados, estamos placidos del día y absortos
de impropiedades, en esa gula que nos estremece en este
eructo de demonios.
Que triste va la virgen hoy día en que ha bajado
desde su altar, para acompañar el cuerpo de un
hijo abatido por las sinrazones, y él tan callado,
inerme que viaja sin rumbo propio y que confía
sin extravíos, van de luto en santa soledad por
el suplicio, no hay monte que asemeje la escena, solo
dos torres a la espera de la apertura del cielo del día
siguiente.
Como golpe de pecho hecho multitud vaga la incierta jornada,
pero puedo aseverar que faltan nuestras velas, de cuya
luz propia, nazca incólume la paz interior que
olvide el bullicio, que infunda respeto al paso para que
sucumba en oración, y que nos postre, nos descalce
y nos de esa parte de humildad frente a la desgracia propia.
Es mi pueblo y no escondo palabra alguna, por el contrario,
me disuelvo al vapor de la muchedumbre, como uno más,
que rinde cuentas de la ignorancia y en la indolencia.
Y al pedir perdón me despierto espantado en recuerdos,
por una solicitud de cuenta nueva hasta el cielo, ¡...
por no saber lo que hacemos.. !
En memoria de mi
Tía Elena García de Reveles y Familia
Acaecida el día
de hoy en Tijuana, Baja California
09 de abril de 2004
Que
Dios la tenga consigo, en Paz Descanse y que nos de serenidad
a los nuestros
Gracias
a todos por su comprensión y apoyo a tan lamentable
suceso que nos conmueve familiarmente
|