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Construcción Extraterritorial de la Ciudadanía
Sustantiva y Ley Migrante de Zacatecas


Miguel Moctezuma L.
Programa de Doctorado en Estudios del Desarrollo
Universidad Autónoma de Zacatecas

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Una ausencia en los distintos ensayos y artículos publicados sobre este tema, es el desconocimiento —ciertamente con algunos matices—, de que entre los mexicanos que residen en Estados Unidos existe una estrecha relación, por un lado, entre pertenencia y participación política, y, por otro, entre pertenencia y membresía mexicana. Éste es el punto medular que todo debate sobre la ciudadanía extraterritorial no siempre se explicita. Así quienes más se resisten a reconocer la viabilidad del voto extraterritorial, a lo más, arguyen que existen distintos grados de pertenencia simbólica hacia México, y que sólo unos deberían de tener plenos derechos ciudadanos, haciendo a un lado el tratamiento integral de esta temática. Aunque lo conceptual constituye la piedra angular, aquí se replanteará esta problemática sobre la base de la experiencia de los zacatecanos que residen en el extranjero.
En este ensayo, se demuestra a través de un minucioso trabajo de campo transdisciplinario, que existe una membresía comunitaria activa que da origen a la ciudadanía sustantiva, no legal, la que a su vez es reconocida en distintos grados por las autoridades mexicanas, misma que conforma uno de los elementos clave a considerar para el reconocimiento de los derechos ciudadanos extraterritoriales de los mexicanos. El interés que el autor tiene a partir de este ensayo es que el mismo sea útil en la discusión nacional para resolver los dilemas y resistencias que pesan contra los derechos políticos extraterritoriales.

Identidad, membresía y participación política
La identidad como concepto tienen tres peculiaridades: es subjetiva, cuando solamente recoge los sentimientos de pertenencia; es subjetiva y a la vez objetiva, cuando se refiere a una realidad que permite el reconocimiento de ser parte de una relación o un grupo social; y, es subjetiva/objetiva e intersubjetiva, cuando recoge la percepción de sí mismo y de la realidad, pero, además reconoce que se trata de una relación social con otras personas o grupos (Merton, R. 1972). Esto es, la identidad individual y de grupo es un concepto cultural que se refiere al sentimiento de pertenencia y de diferenciación social (Geerts, C. 1973). El sentimiento de pertenencia es la sensación o percepción que se tiene de sí mismo, es la manera en la cual se toma conciencia de ser parte de un determinado grupo social y, mediante la cual se toma distancia del “otro”. Pero la identidad, además de ser subjetiva, también se internaliza a partir de una realidad que implica la existencia de elementos objetivos y de diferenciación (Giménez, G. 2002:150). Así, la identidad nacional es una construcción que tiene como referente simbólico el territorio de una Nación. Pero, en estricto sentido, no se trata de una identidad sobre el territorio, sino sobre las relaciones culturales que sus miembros construyen objetiva y subjetivamente en torno a él. En esta acepción, el territorio sirve esencialmente como referente o marco de las relaciones que simbólicamente representa, por ello, las naciones no deben de confundirse con el territorio:

“…los desplazamientos físicos en un territorio no implican automáticamente una 'desterritorialización' en términos simbólicos y subjetivos. Es Posible abandonar físicamente un territorio sin perder las referencias simbólicas y subjetivas que se reactivan a través de la comunicación a distancia, los recuerdos y la nostalgia... ” (Ibíd., 153).

Aunque aceptar que con la emigración también se produce el traslado de la cultura, en la medida que ello se refiere a otro socio-espacio, aunque se conserva la matriz cultural del origen, ella también se actualiza y transforma (Sollors, Wermer, 1989); por lo tanto, en este caso es más correcto hablar de una re-producción o más específicamente de una reestructuración y reformulación cultural. De esto se deriva que, desde el extranjero, los migrantes y sus descendientes reconstruyen la identidad en tanto pertenencia, es decir, una cierta forma simbólica y cultural de vinculación respecto al Estado/Nación. Pero, esta autopercepción no sólo se manifiesta en el plano del sentimiento; por el contrario, también se expresa en normas de conducta, costumbres, rituales, etc. que permean la vida entera y permiten compartir con los semejantes una misma cultura. Por esta vía se transita de lo estrictamente simbólico hacia lo social-práctico.
La identidad generalmente se construye en plural y a distintos niveles, tomando sentido según el contexto de las relaciones. Así, los migrantes en Estados Unidos se reconocen a un mismo tiempo como zacatecanos o jaliscienses formando parte de los latinos, pero también como mexicanos y a menudo, como miembros de un municipio y de una localidad más pequeña:

“…Esta situación se puede ejemplificar mucho más claramente en el caso de los migrantes de grupos indígenas. Cuando los integrantes de estos grupos están en sus comunidades de origen, se definen frente a los miembros de las otras comunidades o regiones, dependiendo del nivel en que se estructure la identidad en ese lugar específico. Por lo que las identidades comunitarias localcentristas o regionales son las que sobresalen. Aunque ellos como portadores de culturas distintivas diferentes de la cultura nacional son identificados como los 'otros' para el contexto nacional y son excluidos y segregados por dicha sociedad, en sus interacciones cotidianas tiene más fuerza su identidad local que es una expresión de esa segregación y exclusión pero también espacio de acción y reafirmación” (Sánchez, M. J. 2000:37).

Este espacio de acción y reafirmación de las identidades locales es el que, en Estados Unidos lleva a los migrantes a conformar comunidades filiales, las que a través de un proceso de mayor maduración, como en el caso de los clubes de migrantes, servirán para asumir compromisos de membresía activa más allá del sentimiento de identidad.
Por tanto, aunque no se trata de una contradicción, es útil diferenciar conceptualmente entre pertenencia y membresía. En el caso de nuestros migrantes, la pertenencia es más simbólica o identitaria, en tanto que su membresía es práctica y se refiere a las relaciones que se construyen con la comunidad, entidad o nación; es decir, en este segundo caso se transita del sentimiento perceptivo hacia el reconocimiento de la acción social; por eso, en sentido amplio, la membresía es vista, por algunos autores, como ciudadanía sustantiva o ciudadanía práctica (Brubaker, W. R. 1990).
Según Smith, Robert (2001), la solución conceptual de este asunto radica en reconocer explícitamente que existe una estrecha relación entre membresía, ciudadanía y participación política, en tanto proceso estructurado desde las estructuras de poder, susceptible de modificación a partir de la lucha de clases:

“... En el contexto de la migración, la membresía se manifiesta comúnmente entre los migrantes y otros miembros ‘de la diáspora’ involucrados en la vida pública de su lugar de origen, y pueden ser incluso institucionalizados según estructuras no legales del estado o bien según estructuras de entidades no estatales incluyendo instituciones o discursos sobre derechos humanos. La ciudadanía permite a los migrantes participar directamente en instituciones democráticas formales del estado, tal como el voto, tener la oportunidad de participar directamente en el gobierno y controlar recursos del estado. La membresía permite una participación menos formal, pero todavía de peso en cuanto a instituciones o procesos, pero no ofrece oportunidades de participar directamente en el gobierno” (Ibíd).

De esto se desprende que analizando la membresía y la ciudadanía como proceso en estructuración, la situación suele tener dos momentos: en el primero, existe una relación diferenciada entre membresía y ciudadanía; esta diferenciación otorga un reconocimiento formal y legal a la ciudadanía y sólo un reconocimiento político a la membresía, la cual, sin que alcance el reconocimiento legal puede llegar a ser formal; segundo, en la medida en que la membresía incluye la ciudadanía sustantiva, la experiencia histórica demuestra que ésta tiende a evolucionar hasta abarcar un espectro cada vez más amplio de prácticas. Es decir, en relación con los migrantes de un país, se requiere abordar la relación entre membresía y ciudadanía a partir de la participación política en su sentido más amplio, por tanto, como un proceso social en permanente disputa.
Ahora bien, según la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en la actualidad se puede ser mexicano sin ser ciudadano, se trata de una problemática que diferencia entre ser y tener derechos ciudadanos. Es posible que en las próximas reformas legislativas subsista esa diferenciación, pero, la base que debe orientarnos en toda propuesta de reforma constitucional es el reconocer mayores derechos en la ley a quienes han transitado extraterritorialmente de la identidad a la membresía.
Hay algunos hechos que muestran que desde décadas atrás este es un proceso en curso. Por ejemplo, así como el Gobernador Ricardo Monreal Ávila visita frecuentemente a los zacatecanos en California, Illinois, Texas, etc., José Murat tiene encuentros con los oaxaqueños en California, Melquiaedes Morales Flores se entrevista con los poblanos en Nueva York, Lázaro Cárdenas Batel visita a los michoacanos en California e Illinois y el Presidente Vicente Fox Quezada hace en general lo propio con los mexicanos que residen en el extranjero. Asimismo, el que cada año de realicen cientos de obras comunitarias con ellos, en donde participan los tres niveles de gobierno, significa que desde las más altas esferas de gobierno se les reconoce como interlocutores fiables. De hecho, en el Plan Estatal de Desarrollo de los gobiernos anteriormente mencionados existe como una línea de acción, el trabajo con los migrantes. Más todavía, a nivel federal, México cuenta con distintas estructuras institucionales de atención al migrante. La conclusión que de esto se desprende indica que, independientemente de la ley, el Estado ya reconoce a las organizaciones sociales y a las prácticas de los migrantes; es decir, su membresía a través de sus organizaciones ya ha dejado de ser informal. Una conclusión en contrario difícilmente podría explicar estos hechos.
De acuerdo con esta situación, la participación política de los migrantes se define en general como la esfera permanente de relaciones que llegan a institucionalizarse, por una parte, entre los migrantes y sus organizaciones sociales, y por otra, entre las instituciones políticas de un país y su Estado (Itzigsohn, J., 2000). Con base en esta reflexión abordaremos la experiencia de las prácticas políticas extraterritoriales de los zacatecanos.

Disputa electoral de Zacatecas en California en 1998
Desde el sexenio del Gobernador Genaro Borrego Estrada (1986-1992), se impulsó, como política de Estado, la formación de los clubes de migrantes zacatecanos. En la actualidad, Zacatecas cuenta con más de 250 clubes de oriundos activos —más del triple de cualquier otra entidad mexicana—, esto permitió desde 1960 dar origen a un conjunto de iniciativas de inversión social por parte de los emigrantes, cuyas acciones terminaron institucionalizándose en 1992 en el Programa “Dos por Uno”, mismo que en 1999 se transformó en Programa “Tres por Uno” y que en el 2003 alcanzara una inversión conjunta de 20 millones de dólares destinado a la realización de obras sociales y comunitarias.
Con relación a los partidos políticos, quienes tienen mayor impacto entre los migrantes zacatecanos son el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD). El primero de ellos durante los dos sexenios anteriores, el de Genaro Borrego Estrada (1986-92) y Arturo Romo Gutiérrez (1992-98), y el segundo, con el gobernador Ricardo Monreal Ávila (1998-2004).
Hasta antes de 1998 en que se consuma el triunfo a la gubernatura del estado de Monreal Ávila, en el medio académico y político se reconocía a Zacatecas como la entidad más priísta del país. Ante un PRI con escasa organización y militancia, el corporativismo presidencialista había echado profundas raíces en el campesinado a través de la CNC; el magisterio, con una disidencia cada vez mayor, aún continuaba sirviendo de mediación y de correa de transmisión entre el Gobierno del Estado y el medio rural. Pero sucedió lo imprevisible: ese fuerte andamiaje político se fracturó. Además, esa coyuntura encontró su punto culminante en una intensa participación ciudadana que desde mediados del sexenio pasado venía desbordando a los partidos políticos y que llegó a conformar distintas organizaciones sociales independientes, lo que concluyó constituyendo el amplio tejido social de la Alianza Ciudadana por la Dignidad y la Democracia, la que en unidad con el PRD terminaron postulando al ex-priísta Ricardo Monreal como su candidato a gobernador. Parte de este proceso de ruptura los recogieron y lo asimilaron los zacatecanos organizados que residen al otro lado de la frontera norte de México. Los hechos se sucedieron así:
En un hecho inédito, el 15 de marzo de 1998, el candidato del PRI a Gobernador (José Marco Antonio Olvera Acevedo) en su gira por Estados Unidos, formó con una buena parte de los dirigentes de la Federación de Clubes Unidos del Sur de California “Los Comités de Amigos y Simpatizantes de Pepe Olvera”. A la par, en los días siguientes, el candidato a Gobernador por el PRD (Ricardo Monreal Ávila) organizó con líderes y ex líderes, el Frente Cívico Zacatecano (El Sol de Zacatecas, 22 de marzo de 1998:1 y 6 A).
Francisco Javier González, actual Presidente del Frente Cívico Zacatecano se recuerda haciendo activismo político en favor de Monreal Ávila e impulsando actividades para el financiamiento de su campaña. Él dice que empezaron unos pocos y que el movimiento pronto creció (Los Ángeles, Ca., Julio de 2002). Sorprendentemente, los asuntos de Zacatecas comenzaron a ventilarse en los programas de radio y televisión angelinos, e inesperadamente California acabó convirtiéndose en escenario político en la disputa del voto por Zacatecas. Es decir, no sólo los migrantes tienen la capacidad de influir en los destinos de su entidad, sino que también, los procesos de ésta influyen fuertemente en ellos.
Rigoberto Castañeda, entonces Presidente de la Federación de Clubes de Zacatecanos Unidos del Sur de California, una vez que se informó de las adhesiones priístas a favor de Ricardo Monreal Ávila, se sumó a ellas. Más tarde, cuando se recibió la “luz verde” a favor de José Antonio Olvera Acevedo, el mismo Rigoberto Castañeda rectificó. Como en antaño, todo pareció haber quedado bajo el antiguo control corporativo, pero en una segunda visita del candidato perredista a Los Ángeles, Ca., el Frente Cívico Zacatecano reunió a más de 600 familias, haciéndose acompañar de académicos de aquel país, quienes observaban cómo los zacatecanos rompían con la tradición de fidelidad al sistema político mexicano (El Sol de Zacatecas, 31 de mayo de 1998, p. 5 A) que hasta entonces pesaba sobre ellos.
Más aún, cuando esa campaña electoral estaba en su punto más álgido, Víctor Manuel Sánchez, que ocupaba el cargo de Presidente de la Confederación de Clubes de Zacatecanos (que nunca pudo funcionar) y que había permanecido en la sombra, arribó a la entidad a manifestar su apoyo al candidato opositor Ricardo Monreal Ávila e hizo fuertes denuncias contra el Lic. Arturo Romo Gutiérrez, Gobernador de Zacatecas (El Sol de Zacatecas, 16 de junio de 1998, p. 1 y 6 A). Esta denuncia ya indicaba una clara ruptura y un alto grado de confrontación con el priísmo zacatecano. En esa misma tónica, en el cierre de campaña de Monreal Ávila, fue muy significativa la presencia de varios dirigentes de los Clubes Zacatecanos de la Federación ya mencionada. Esto era sólo la primera expresión de que en Zacatecas se estaba dando origen a un nuevo sujeto social y político extraterritorial, el que en el futuro, ganaría en capacidad para actuar con independencia tanto del priísmo como perredismo.

Un sujeto binacional
Más allá del reconocimiento frecuente de la influencia de los migrantes en sus comunidades de origen, del lado estadounidense, la campaña política a la gubernatura de Zacatecas fue más lejos de lo esperado. Los Zacatecanos organizados se dieron cuenta que en aquel país contaban con la capacidad y fuerza que podían utilizar para promover iniciativas de negociación y cabildeo con políticos y congresistas locales y nacionales de aquel país. Así, Rudy R. Ríos (miembro de la Sección 652 de la Laborers' International Union of North America) y Guadalupe Gómez de Lara (ex Presidente de la Federación de Clubes de Zacatecanos Unidos del Sur de California) fungieron como interlocutores entre el Gobernador de Zacatecas, Ricardo Monreal y el entonces Gobernador de California Gray Davis; ambos han jugado un rol importante en la relación entre el Frente Cívico Zacatecano y el sindicato en mención. Asimismo, desde el lado estadounidense, el Frente Cívico Zacatecano ha apoyado activamente las campañas de Lou Correa, originario de Calera, Zacatecas, y Linda Sánchez, ambos Asambleístas por California; Miguel Pulido, Alcalde de Santa Ana, Jesse Loera, Alcalde de Norwalk; Gray Davis y Cruz Bustamante, Gobernador y Vicegobernador de California, respectivamente; además de Loreta Sánchez y Grace Napolitano, Congresistas Nacionales. Rosalva Ruiz (ex Presidenta de la Federación de Clubes Unidos de Zacatecanos en Illinois) ha hecho lo propio con respecto a Luis V. Gutiérrez y Edward Burke, el primero, Congresistas por el 4° Distrito de Illinois y el segundo, Concejal del Distrito 14 de la ciudad de Chicago, sirviendo también como intermediaria para encuentros del Gobernador de Zacatecas con el Alcalde de Chicago (julio de 2001). Los zacatecanos también han apoyado a políticos como Lee Vaca, Sheriff de Los Ángeles, y forman parte del Comité de Alianza con la AFL-CIO por la campaña para la Regularización de los Inmigrantes y la expedición de Licencias de Manejar en California, además de luchar contra la discriminación racial y laboral y promover el “hermanamiento” entre las ciudades de Norwalk-Fresnillo y Azuza-Zacatecas. Esto es, nadie debe dudar que estos dirigentes cada vez más son pieza clave en las relaciones de poder y de cabildeo entre México y Estados Unidos.
Asimismo, impresiona encontrar con frecuencia en los periódicos estadounidenses las opiniones de Guadalupe Gómez de Lara, las entrevistas de empresarios como J. Ascensión Salinas Carlos y de políticos y empresarios como Andrés Bermúdez Viramontes. Se conoce también que Guadalupe Gómez de Lara ha sido invitado por University of California en Los Ángeles a dictar conferencias y a participar en discusiones públicas de cabildeo en el Congreso de California, en tanto que Javier González, Presidente del Frente Cívico Zacatecano ha sido distinguido cómo un destacado líder latino por la Academy of Latinos Leaders in Action.
Por si lo señalado fuera poco, a los Clubes de Zacatecanos, se les ubica del lado mexicano, entre los pioneros de iniciativas nacionales y estatales como: i) el Programa Paisano; ii) la incorporación al IMSS de los familiares de los migrantes; iii) la reivindicación de la doble nacionalidad; iv) la defensa del voto extraterritorial de los mexicanos que residen en el extranjero; v) los programas “Dos por Uno” y “Tres por Uno”; vii) además de otras acciones en curso sobre proyectos productivos e iniciativas de ley sobre derechos ciudadanos extraterritoriales. En el 2003, en una visita relámpago que Guadalupe Gómez realizara a su municipio natal de Jalpa (Zacatecas), con el objeto de inspeccionar y fiscalizar las obras del “Tres por Uno” fue recibido masivamente en varias comunidades como si se tratara de un funcionario de alto nivel en el estado, señalándosele entonces en la prensa nacional y local como un posible candidato a gobernador. En fin, no queda duda que los dirigentes más sobresalientes de los zacatecanos organizados en Estados Unidos han ido superando el aislamiento y el activismo comunitario para dar los primeros pasos hacia la conformación de un agente social binacional. Sobre esta base, recién se ha conformado en Los Ángeles, Ca., el Consejo de Federaciones de Mexicanos, mismo que inicialmente le toco presidir al zacatecano Guadalupe Gómez de Lara y que posteriormente esa experiencia pionera fue recogida por los mexicanos organizados en el área de Illinois. Todo lo señalado indica el desenvolvimiento binacional de nuevas y complejas relaciones sociales y políticas en curso, en donde, la membresía, entendida como el reconocimiento social y de las autoridades mexicanas a estas organizaciones es más que claro.
Pero, si esto es ya sobresaliente, lo es, aún más, cuando se descubre que los migrantes y también sus descendientes, han venido adquiriendo mayor compromiso desde los Estados Unidos para involucrarse en los programas y actividades comunitarias impulsadas por sus clubes (Rouse, R. 1994Itzigsohn, J. 2000). Parte de esta percepción se basa en la experiencia que está adquiriendo el sector de población joven y en la formación política y cultural de las nuevas generaciones (Chicago. Ill. Grupo de Foco, Octubre del 2000). En realidad, los resultados más interesantes a favor de esta tendencia coinciden con el hecho de que algunos dirigentes de clubes de migrantes zacatecanos son jóvenes que llegaron a Estados Unidos en los primeros años de su vida o nacieron en ese país, y ahora cuentan con formación universitaria como: Reina Reyes (Presidenta de la Federaci?n de Florida), Erika González (Presidenta de la Federaci?n de Orange) Martha Jiménez (Presidenta del Club Hermandad Las Animas), Ramón Velasco (Presidente del Club Regionales de Tayahua), Suliana González, Presidenta del Club Social Chacuiloca. Asimismo, en febrero de 1999 se formó en Chicago la Alianza Juvenil de Zacatecas, cuyos miembros son estudiantes de la Universidad de Illinois, todos ellos hijos de migrantes de primera generación. A ellos se han venido agregando otros estudiantes como Zenia Ruíz, egresada de la Universidad del Sur de California. Con base en esa iniciativa, la Federación Zacatecana de Los Angeles también ha organizado al Grupo Juvenil de California que encabeza Denise González, Graduada de Universidad de Berkeley. En conjunto, estos jóvenes se plantean respaldar las acciones de los clubes (FCZUSC, Revista, 1999-2000:39 y 2000-2001:63). Estos son aspectos novedosos que se agregan a los ya señalados y que vienen a cuestionar radicalmente muchas de las imágenes simplistas que teníamos sobre la identidad y la membresía de los mexicanos que residen en el extranjero y que en este segundo caso, su análisis es más complejo y revelador del tema que aquí se aborda, por tratarse no solo de migrantes mexicanos sino expresamente de mexicanos binacionales.

El Jerez de aquí y el Jerez de allá
Ahora bien, en la entidad, la presencia política de los emigrantes es tan marcada que en el 2001 experimentamos un proceso electoral sui generis donde hubo figuras políticas de los líderes de migrantes que contendieron como candidatos a las presidencias municipales. En este caso, la figura pública más sobresaliente, que rebasó los confines del país, fue la de Andrés Bermúdez Viramontes, El Rey del Tomate, nativo de El Cargadero, Jerez, Zacatecas y radicado 28 años antes en la ciudad de Winters, Ca., muy cerca de Sacramento. Muchos creían que este personaje era un desconocido, pero, de entrada ganó, mediante votación popular, la titularidad para encabezar la contienda perredista por el municipio de Jerez; triunfando ampliamente contra sus contendientes en un municipio donde el PRD no contaba con una militancia fuerte. Esto, sin embargo no estuvo libre de obstáculos, por ejemplo, el registro de Andrés Bermúdez como candidato del PRD fue objeto de resistencias de priístas y perredistas quienes en la prensa dijeron objetarlo por carecer de la ciudadanía mexicana y no residir por un año de manera permanente e ininterrumpida en Jerez. Algunos otros más retrógradas dijeron criticarlo por no tener trayectoria en ningún partido político, o desconocer los problemas de su municipio, no contar con carrera profesional y ver a Jerez como si fuera un campo de tomate. Obviamente, los interlocutores de estas objeciones ahora guardan silencio, y otros, paradójicamente desde el PRD, nunca corrigieron sus sentimientos xenofóbicos contra Bermúdez, quien luego de su contundente triunfo fue perseguido políticamente por buena parte de la clase política zacatecana de todos los colores, quienes tomaron muy en serio que estaba surgiendo una nueva clase política, capaz de desplazarlos.
A este personaje, por razones obvias, distintos medios de comunicación nacional e internacional lo llamaron con toda justicia el candidato binacional, porque tuvo claro que gobernaría “al Jerez de Zacatecas y al Jerez de Estados Unidos”. Así, en un hecho inédito para México, el 19 de mayo del 2001, todos los candidatos a la Presidencia Municipal de Jerez, Zacatecas, se reunieron en Montebello, California, con el objetivo de debatir sus propuestas ante los jerezanos del otro lado de la frontera. Más tarde, cuando se dio el desenlace de la ruptura entre Andrés Bermúdez Viramontes y el Gobernador Ricardo Monreal Ávila, la Federación de Zacatecanos Unidos en Illinois encabezó públicamente su defensa, siendo secundada en Los Ángeles, Ca, por el Frente Cívico Zacatecano, comenzando desde entonces una etapa de encuentros y desencuentros, negociaciones y rupturas con el actual gobernador, cuestión que se agudizó por los excesos de Manuel de la Cruz Ramírez, representante en Estados Unidos del Gobierno del Estado, quien debido a su vieja formación priísta y corporativa se comporta igual que antes, sin distinguir entre la naturaleza comunitaria de los clubes y la militancia partidaria de sus activistas. A propósito de esto, Rafael Barajas, Guadalupe Gómez y Francisco Javier González se quejan de una permanente intromisión del Gobierno del Estado de Zacatecas a través de Manuel de la Cruz Ramírez, quien utiliza “viejas tácticas totalitarias”, que anuncia la irreversible ruptura con la versión perredista del monrealismo (LAWEEKLY, marzo:8-14, 2002), lo cual es fuente permanente de conflictos con la membresía comunitaria de los clubes. Por supuesto, de alguna manera se ha tomado conciencia de ello:

“Una de las conclusiones más importantes de esta Convención es que busquemos conservar la unidad respetando la naturaleza comunitaria de nuestras organizaciones. Esto quiere decir que no se debe partidizar el trabajo que realizamos. Por ello, quienes tomen iniciativas de tipo político, reconociendo que tienen derecho, esto debe hacerse en estructuras e instancias de otra naturaleza” (Primer Resolutivo de la Segunda Convención Anual de Organizaciones de Zacatecanos en Estados Unidos, Chicago, Illinois, julio 21 de 2001).


Identidad y membresía comunitaria
Si tomamos en consideración que los migrantes zacatecanos comenzaron a organizarse por sí mismos en Clubes Sociales desde la década de 1960 (Moctezuma, Miguel, 2003) y que han hecho cientos de obras sociales y comunitarias mucho antes de que el Estado Mexicano se interesara en la promoción de los Programas “Dos por Uno” y “Tres por Uno” (Rafael Barajas, Mayo de 2002 y Agustín Bañuelos, Los Ángeles, Ca.) entonces resulta claro que desde décadas atrás, y a diferencia del migrante individual, los migrantes organizados han logrado transitar de la identidad simbólica mexicana o zacatecana hacia la práctica de la membresía comunitaria, misma que con el desarrollo de estas organizaciones suele transformarse en membresía estatal y nacional. Esto es, programas como el “Tres por Uno” poden ser interpretados social y políticamente como un medio que permite que los migrantes logren conservar sus raíces e identidad, además de abrir posibilidades para la realización de una variedad de prácticas extraterritoriales dirigidas hacia México (Goldring, Luin 1997). Esto mismo sucede de manera directa en el caso de la reproducción de la vida comunitaria en las denominadas comunidades filiales. Ambos aspectos ya han sido analizados por el autor en otros trabajos y en todo caso configuran parte de la nueva realidad social del migrante (Moctezuma, Miguel, Ibíd.).
Por otra parte, si retomamos la experiencia política binacional que los líderes más destacados de los Clubes realizan y a la que nos referíamos anteriormente, entonces queda claro que estamos ante profundos cambios cualitativos, en los cuales la membresía comunitaria, estatal y nacional de los migrantes se ha transformado en participación política en el sentido más amplio; es decir, no vinculada necesariamente a los partidos políticos. Por supuesto, todo esto nos conduce a la existencia de una práctica política extraterritorial que desde la sociedad civil presiona por el reconocimiento de los derechos ciudadanos en México; es decir, por el paso de la identidad a la membresía y de ésta hacia la ciudadanía.
Las evidencias extraterritoriales mostradas en lo social, político y cultural, aún limitadas a la experiencia y la práctica de los zacatecanos, indican que los migrantes al mismo tiempo que se adaptan y participan de las nuevas circunstancias sociales, son también capaces de mantener orientados los vínculos y compromisos hacia su entidad y comunidades de origen. Esto, por supuesto, se refiere a la lealtad y a la membresía comunitaria y estatal, pero nada indica que esa práctica no se extienda también hacia la Nación, siendo este el patrón de los connacionales en el extranjero. Es decir, se requiere reconocer la necesidad de valorar cómo el migrante ciertamente busca desarrollar nuevas imágenes, otras coordenadas y una serie de nuevos mapas o esquemas referenciales que coinciden con el entrecruzamiento simultaneo de dos socio-espacios, implicando cursos de vida significativamente distintos y mundos sociales diferentes (Rouse, R., 1994). Esta nueva fisonomía está muy lejos de presuponer la ruptura con la comunidad y el país de origen y encierra toda una problemática teórica más allá del tratamiento juridicista que reclama el auxilio transdisciplinario de la sociología, la cultura, la antropología y la ciencia política.
Es decir, los migrantes conservan simbólicamente un territorio y una cultura que les sirve como referente territorial y matriz de pertenencia. Justamente esto es lo que hace posible la formación y la naturaleza de la comunidad filial y el establecimiento de los lazos entre los distintos asentamientos de los migrantes, lo que posteriormente se materializa en la conformación de los clubes y sus federaciones. Por supuesto, en el terreno contrario, esto tampoco debe conducir a la idea errónea de que las comunidades y los clubes de los migrantes permanecen impermeables a lo externo, como ya lo hemos tratado a partir de lo cultural así como de las experiencias políticas de sus dirigentes.

Ley Migrante
La trayectoria social y política de los zacatecanos organizados ha desembocado en la formulación y aprobación de la “Iniciativa de Reforma a la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Zacatecas” en materia de derechos político-ciudadanos extraterritoriales. Ésta es una propuesta que bajo la denominación, primero, de Ley Bermúdez; y, finalmente, de Ley Migrante; fue enarbolada por el Frente Cívico Zacatecano como demanda democrática y ciudadana, haciendo posible la realización de varios foros de discusión, tanto en Los Ángeles, Ca., como en la capital de Zacatecas.
Según se desprende de los artículos 34, 35, 36 y 37 de la Constitución Política de Estados Unidos Mexicanos, el reconocimiento de la nacionalidad es consustancial al ejercicio universal de los derechos ciudadanos de todos los mexicanos, con las únicas limitantes de ser mayores de edad y vivir con honestidad. Sin embargo, como esto aún no se ha reglamentado en las respectivas leyes de competencia nacional y estatal, la Ley Migrante ha buscado resarcir en lo posible este vacío legal, reconociendo que mucha de esta reglamentación necesariamente debe ir adecuándose a las iniciativas de reformas en el plano nacional, las cuales siguen trabadas y sin avances.
Asimismo, en la iniciativa que se comenta, se parte del hecho de que una política integral del estado de Zacatecas dirigida hacia el importante sector social de los migrantes, si sólo toma en cuenta los aspectos económicos y poblacionales, dejará de lado aquellos tópicos de naturaleza comunitaria, social, política y cultural que involucran a los migrantes como colectivo y que se expresan en medios para el fortalecimiento de la pertenencia, la identidad y el arraigo, en un contexto socio-espacial que se manifiesta más allá de las fronteras del estado y país.
Según la declaración de principios de la iniciativa de reforma, con esa acción se pretende dar apertura a la participación de los migrantes zacatecanos y de sus organizaciones en las decisiones políticas que a ellos compete, incluyendo parcialmente las de naturaleza ciudadana, en lo que corresponde a la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Zacatecas, ya que por el momento aún no podrán votar extraterritorialmente pero podrán ser votados para ocupar los cargos a Diputados, Presidentes Municipales, Síndicos y Regidores. Empero, en la “Ley Migrante” existe ya un saldo a favor: se aprobó que la próxima legislatura local cuente con un mínimo de dos diputados migrantes. Los partidos, acatando el mandato de ley registrarán, en el último lugar de sus respectiva lista plurinominal, a un candidato a Diputado emigrante, mismo que, una vez contabilizados el número de votos, dos de ellos serás asignados con esa calidad a los dos partidos que hayan obtenido la primera y segunda mayoría relativa. Al contar por vez primera con diputados migrantes, se podrán discutir en la legislatura, asuntos como, la reglamentación del Programa Tres por Uno, los programas y el presupuesto del Instituto Estatal de Migración, la profundización de la presente iniciativa de reforma, la Representación del Gobierno del Estado en Estados Unidos, y, en general, el diseño de una política integral sobre la migración internacional.
Asimismo, entre su fundamentación se destaca la necesidad de reconocer que las comunidades de los migrantes son socialmente construidas por sus propios miembros y que ello no se circunscribe a un solo espacio físico. Esta es la esencia de la identidad mexicana entre los connacionales que residen fuera de México. En efecto, la comunidad de los migrantes es lo que ellos comparten entre sí, y que en el caso de la membresía, incluye también el involucramiento en un conjunto de prácticas y actividades colectivas. Entonces, reconocer en las leyes primarias y secundarias los conceptos de membresía comunitaria, participación social y participación política, requiere no ignorar sus fuentes y el multiespacio donde éstas se generan. En Zacatecas y otras entidades con tradición migratoria, por la intensidad del fenómeno, es imposible perder de vista estos asuntos. Sobre esto, el primer aspecto que se resalta es que, en Estados Unidos las comunidades de nuestros migrantes son una derivación de las comunidades de origen. Esta es la razón por la que investigadores como Rause, R., Ibíd. y 1988; Smith, R., 1995 y 2000; Goldring, L., Ibíd; Massey, D., 1991; Alarcón, R., 1995 etc. denominan comunidades filiales o comunidades hijas a estos asentamientos humanos. Planteando así las cosas y a través del concepto de comunidad binacional, esta iniciativa buscó cuestionar aquello que todavía conduce a simplismo de identificar a la comunidad con su entorno inmediato. Es decir, para el caso de lo que interesó incorporar y reformar, se requirió trascender las fronteras simbólicas y culturales que sociológicamente limitaron el reconocimiento de la comunidad migrante. Es decir, todo migrante que vive en una comunidad filial en Estados Unidos, necesariamente reproduce en ese país su matrotismo comunitario; obviamente, también reproduce su identidad como latino, mexicano, zacatecano, jerezano, etc. Esto es lo que, desde 1960 sirve de base para voltear a su comunidad y participar como miembro de ella, promoviendo inicialmente los apoyos a la iglesia del pueblo o haciendo donaciones para los más necesitados, hasta que finalmente el Estado y migrantes llegan a corresponsabilizarse en el financiamiento de las obras comunitarias del entonces Programa Dos por Uno. Por esta vía resulta claro que, los migrantes, sin residir en la comunidad de origen, actúan como miembros de ella. Es decir, más allá de lo que reconoce la Ley Electoral de cualquier entidad mexicana, los migrantes viven involucrados en iniciativas comunitarias tanto en México como en Estados Unidos y esto fue reconocido en la Reforma Constitucional de Zacatecas como una residencia binacional o simultánea.
Esto se basa en los siguientes antecedentes: la Constitución Política de Estados Unidos Mexicanos en los artículos 34, 35, 36 y 37, establece con claridad quiénes tienen la calidad de ciudadanos de la República, sus prerrogativas, obligaciones y sobre todo, el que ningún mexicano por nacimiento, independientemente de donde resida pueda ser privado de su nacionalidad; con ello implícitamente se acepta la posibilidad de la binacionalidad o incluso la multinacionalidad, cuestión que también debiera plasmarse en lo que corresponde a la ciudadanía.
Asimismo, para contar con un orden jurídico coherente con lo establecido en el artículo 40 Constitucional, en cuanto a que las disposiciones normativas de los estados en ningún caso contravendrán el cuerpo normativo de la Constitución Política de Estados Unidos Mexicanos, resultó impostergable el que, en primer término se buscara adecuar la Constitución Política del Estado Libre y Soberano del Estado de Zacatecas y posteriormente el Código Electoral del Estado, en lo que respecta a la calidad de ciudadano zacatecano, forma de adquirir la ciudadanía, requisitos de residencia y sobre todo, hacer acompañar a esta reforma de nuevas instituciones jurídicas, con la finalidad de que el derecho a ser votados pudiera ser ejercido en lo inmediato, y una vez que la reglamentación federal lo permita, volver a revisar hasta dónde es posible seguir avanzando. Por esta vía se llegó a reconocer que lo señalado en el Artículo 32 Constitucional debía ser visto como oportunidad para legislar en la materia, reconociendo derechos en igualdad no solo a los emigrantes sino también a los binacionales.
Esto es, si en nuestro estado, tanto el fenómeno de la migración, como la figura jurídica de la binacionalidad son una realidad social, era necesario reconocer, por tanto, que los actuales requisitos legales para poder participar en la vida política del estado ya resultaban obsoletos e incompatibles con esta realidad, tal es el caso de la “residencia efectiva”, cuya aplicación drástica impidió que Andrés Bermúdez fuera declarado inelegible por el Tribunal Federal de la Suprema Corte de Justicia y fuera imposibilitado para ocupar el cargo de Presidente Municipal de Jerez, Zacatecas.
En este año de 2004 Zacatecas, con su Ley Migrante vive un proceso electoral inédito. Los migrantes nuevamente se hacen presentes en la política local; sin embargo, siguen siendo víctimas de discriminaciones y maltrato. Javier González Luna, Presidente del Frente Cívico Zacatecano en Los Angeles, Ca y actual precandidato a la Presidencia Municipal de Fresnillo se ha quejado reiteradamente, por un lado, de Rodolfo Monreal Ávila hermano del actual gobernador de la entidad de extracción perredista, por recibir calificativos de que los emigrantes no están capacitados para gobernar porque están desinformados y no cuentan con preparación académica y por otro, de Manuel de la Cruz, representante del gobierno estatal en Estados Unidos, quien públicamente se opuso a la aprobación de la Ley Migrante señalando que “…antes de pegar de brincos hay que enseñarse a caminar, por lo que resumió que todo debe de ser a su debido tiempo” (Imagen, Domingo 22 de junio de 2003). Hoy ese funcionario busca incongruentemente beneficiarse de la reforma constitucional sobre derechos políticos y ciudadanos extraterritoriales pretendiendo su designación como diputado emigrante. Por su parte, Andrés Bermúdez Viramontes, quien debiera ser el candidato natural del municipio de Jerez, aún se debate entre los obstáculos políticos que le pone su partido, el cual muestra altos grados de insensibilidad y raya en la xenofobia. Sin embargo, como él lo dice: “hace tres años se hizo la película del poder en donde perdieron los migrantes y ahora se hará la película donde gana el pueblo y nosotros”.
Finalizando: abordar en el plano teórico el asunto de la ciudadanía extraterritorial, implica distinguir conceptualmente entre los procesos estrictamente simbólicos y aquellas prácticas que conducen al compromiso de participación activa hacia México. Este tratamiento podría ser operativamente útil al seno del Congreso de la Unión para otorgar derechos ciudadanos diferenciados entre quienes sólo pudieran votar y quines pudieran votar y ser votados. Por supuesto, no se trata de una distinción discriminatoria, sino de aceptar que existen distintos grados de compromiso hacia México y que pueden ser reconocidos, en lugar de ser ignorados en la Ley. Por otro lado, en el terreno de la práctica, el voto extraterritorial constituye una oportunidad estratégica cuyo horizonte beneficia a México como fuerza en el electorado estadounidense, capacidad de cabildeo sobre temas que nos afectan, exportación de productos de marca regional, e incluso, capacidad de inversión de nuestros paisanos, etc. Es además un medio de vínculo ideal con capacidad de promover, entre los emigrantes, el nacionalismo mexicano, más allá de nuestras fronteras.

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Entrevistas

Bañuelos, Agustín, Presidente del Club Campesinos El Remolino (1998-1999) y Secretario de Proyectos de la Federación de Clubes Zacatecanos del Sur de California, Entrevista, Los Ángeles, Ca. Abril 27 de 2001 y Julio de 2002.
Cruz Palomino, Javier, Miembro del Frente Cívico Zacatecano, Entrevista, Los Angeles, Ca. Juluio de 2002.
Gómez de Lara J. Guadalupe, Presidente de la Federación de Clubes de Zacatecanos Unidos del Sur de California, Entrevista, Julio de 2002.
González, Francisco Javier, Presidente del Frente Cívico Zacatecano, Entrevista, Los Angeles, Ca., Julio de 2002.
Marcos G. Reyes, Vice-Presidente y Secretario de Proyectos, de la Federación de Clubes Unidos Zacatecanos en Illinois, Entrevista, Chicago Ilinios, Octubre de 2000.
Ruiz, Rosalva, Ex-Presidente de la Federación de Clubes Unidos Zacatecanos en Illinois.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 
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