La
Belleza de la Palabra
Verbum in Pulchrum
Ramón
López Velarde, enemigo de la ostentación, la presuntuosidad
y por ende del exhibicionismo: dictó en la Universidad
Popular de la ciudad de México el 26 de Marzo de 1916.
Plática eminente, plétora de talento, deducción
lógica de un hombre que ama profundamente a sus propios
pensamientos, porque en ellos se encuentra el eco de la limitación
de sus sentidos, en un reclamo angustioso por entablar el idilio
de su ego anímico y la demanda de su físico vigor.
“Siempre que inicio un vuelo
por encima de todo un demonio sarcástico maúlla
y me devuelve al lodo”
Defiende
con ahínco la pureza y la verticalidad de la lengua y
fustiga con el ardor a los mercachifles de la literatura que
como máquina de coser repite el estribillo intermitente
y monótono de la vulgaridad y manifiestan en lamentos
punibles la ignorancia de la definición del romance,
en la interpretación mecánica del pensamiento
que tiene la fortuna de dialogar con su alma.
Por
eso transcribimos integra la represión aguda a los que
concientes o necios atropellan la dignidad y limpieza de nuestro
rico y romántico idioma.
Yo
quiero hablaros esta mañana de la derrota de la palabra,
Es decir, del retorno del lenguaje a la edad primitiva en que
fue instrumento del hombre y no de su déspota. Pienso,
a las veces, que los bárbaros artistas que crearon la
rueda y el hacha y los vocablos de hoy, fueron espíritus
menos toscos que el ciudadano de hoy, aguja de fonógrafo,
aguja muerta.
Me
complacería despertar el horror al individualismo de
la palabra, mas protesto que se encuentra lejos de mi cualquier
intención de propaganda y que hasta prefiere que se opine
diversamente de mi criterio. La igualdad de ideas, uniformadas
como soldados rasos, me producen el mismo malestar que me causaría
ver un rostro idéntico en todas la mujeres.
En
los círculos propiamente literarios, el abuso de la palabra
ha sido fomentado, en ocasiones, por la hojarasca de la prosa
peninsular, y en ocasiones por la inhumana tendencia de los
parnasianos, Fuera de los círculos literarios, los factores
que contribuyen a sostener la palabrería, son menos técnicos,
pero no menos efectivos.
Desde
luego, la vulgaridad de espíritu lleva a las gentes a
declamar. Quien carece de vida interior, natural es simple tenerla,
mareando con discursos teatrales. Así fingir personalidad
médica, gastan saliva los merolicos, recitando aparatosamente
las excelencias curativas de la víbora que exhiben enroscada
en un brazo. Aquí viene a pelo referirme también
a la comodidad que representa, en una sociedad que no lee ni
medita, repetir por boca de ganso, tercamente y profusamente,
la opinión preestablecida. Siempre constituirá
una facilidad democrática la compra de ropa hecha.
Bien
vista la cuestión, es útil el charlatán
que soba y soba lo que los otros han pensado, como es útil
el sastre que vende la ropa hecha, Y no concibo que se tolere
al sastre y al mismo tiempo se deteste al periodista que, por
diez centavos, nos sirve todas las mañanas poesía
hecha, reportazgo como corbata roja y editorial como falda pantalón.
La
palabra se ha convertido de esclava en ama cruel. Ya no acude
con docilidad cuando la llamamos, Hoy por hoy, la palabra tiraniza
al hombre y pretende cabalgar a toda hora sobre él, y
el espolearlo, e infundirle una locuacidad cómica. Las
víctimas de la palabra se encuentran por millares. He
de citar una en quien España cifró muy grande
esperanza, Todos habéis advertido, sin duda, la degeneración
verbal de Villaespesa, que edita un libro cada dos meses.
La
palabra que en la niñez del mundo se plagó tan
mansamente a traducir la vibración de los hijos de Adán,
parece haber limitado el empleo de esas señoritas que,
sumisas y blandas en el noviazgo, después de firmadas
las actas se cambian en epidemia o en ley marcial. No hay quien
no conozca a más de algún marido golpeado. Y si
la palabra es mujer del literato, yo os aseguro que acaso todos
nuestros literatos los golpean sus mujeres.
¿Los
literatos célibes? A estos cabe mayor desventura, porque
son arañados, prematuramente, por la novia.
La
inversión, en el arte literario, del procedimiento nacional,
del procedimiento vital, ha colmado la medida de lo absurdo.
Ya el espíritu no dicta a la palabra, ahora la palabra
dicta al espíritu. Infeliz dictado el de una esclava
a su señor. Hoy se dice: tengo esta frase que suena bien:
pero que voy a pensar o sentir, para expresarlo, y encajar,
esta frase que suena bien? El Académico tiene su propia
bodega atestada de frases, el modernista ha abarrotado frases;
pero ¿ Que pensarán o sentirán el académico
y el modernista para poner en juego sus frases? He aquí
el campo en que ha vencido la palabra y que convendría
su derrota.
Estos
falsos artistas, que pretenden extraer de la palabra el jugo
de la vida, mantiene un paralelo, no sé si lamentable
o risible, con los sabios caducos que, en la abolición
de su sexo, se desvelan por engendrar una sucesión plasmogénita.
¡ Pobres Faustos, a cuyos hombros ningún poder
diabólico ni celesta ceñirá el jubón
de las fiestas viriles !
1o.
de Octubre de 2003 desde la Redacción de www.jerez.com.mx
La
Consolidación del Amoroso Triángulo Sombrío