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Marzo 24 de 2003 http://canton.senado.gob.mx ocanton.spri@senado.gob.mx
Colaboración Periodística

Frente a la barbarie de la guerra
Se Impone el Ideario Juarista

En los convulsionados tiempos actuales, el apotegma de don Benito Juárez García, “entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” cobra plena vigencia y se convierte en una fuerza política e ideológica frente al abuso de los poderosos.

Por su importancia histórica y jurídica, el pasado 17 de julio, en la víspera de cumplirse 130 años del fallecimiento del Benemérito de las Américas, como Senador de la República por el estado de Tabasco solicité que la máxima juarista se inscribiera en un lugar de honor dentro del Salón de Plenos del Senado.

Se trata de que la frase universal juarista sea un principio rector de los trabajos que se realizan en este recinto parlamentario.

Es decir, que se apeguen al sentido humanista, republicano y libertario que nos legó el ilustre prócer oaxaqueño.

Por tal motivo, como un homenaje en el aniversario del natalicio del gran Patricio, la semana pasada formalicé la proposición con una iniciativa de Decreto que busca colocar frente a los senadores esa leyenda que sintetiza asimismo el espíritu de la Reforma y la lucha antiimperialista del pueblo mexicano.

La mayoría de senadores seguramente apoyará la medida y pronto se hará esa suerte de justicia histórica que reconoce en Juárez, además de su aporte en los principios de justicia y paz, la reinstalación del Senado suprimido en 1857.

El pensamiento juarista es permanente por su profundidad y por el respeto que ofrece para sí y para los demás.

Su apotegma se dimensiona ante los horrores del conflicto bélico en Irak y constituye una guía para el amanecer de la paz.

El ejemplo juarista es vigente cuando la disputa por los recursos energéticos y económicos tiene en un puño a la sociedad mundial y cuando se confronta a los mexicanos nacionalistas, comprometidos con el presente y el futuro del país, con los mercaderes de siempre.

La herencia juarista cobra mayor dimensión hoy que la vida nacional está desequilibrada por efecto de la globalización económica cuyo modelo satisface los apetitos del gran capital pero es insensible ante la creciente miseria de millones de compatriotas y de más de la mitad de seres humanos de todo el planeta.

Por presión de la globalización, los gobiernos abandonan la inversión social y confieren a los mercados la rectoría de las relaciones económicas y sociales con lamentables resultados que urge revertir por un elemental sentido de la sobrevivencia humana. Frente a esto, Juárez es más vigente que nunca.

El Benemérito de las Américas, en su grandeza de estadista, con toda convicción enfrentó al imperialismo de ayer como hubiera combatido a los conservadores de hoy que pretenden entregar al gran capital transnacional la riqueza de México.

Es claro que la disputa por el rumbo de la nación se da entre los mexicanos nacionalistas, comprometidos con el presente y el futuro de la nación y los mercaderes de siempre. Por eso Juárez sigue vigente.

El ideario juarista salvaguarda el derecho a las diferencias y a la identidad de los pueblos y vale recordar que la soberanía es un valor no cuantificable: la soberanía no es mucha ni poca, no es una mercancía; la soberanía es libertad para decidir con plena autonomía nuestras formas de organización y desarrollo, en un marco de respeto recíproco en el concierto mundial de las naciones.

Todo eso lo visualizó Juárez y lo sintetizó en su apotegma que guía y precisa las relaciones entre naciones e individuos, en lo interno y en lo externo.

Por tanto, no podemos ser democráticos hacia fuera sin serlo hacia dentro. No podemos exigir justicia si somos injustos, no podemos ser federalistas si apoyamos el centralismo, no podemos pronunciarnos por la paz si alentamos la violencia, no podemos convocar a la unidad nacional si sólo propiciamos su rompimiento.

Ante la frivolidad y los despropósitos en el ejercicio del poder público, hoy más que nunca, hace falta el ejemplo republicano de Benito Juárez. Ante el extravío de las prioridades nacionales que colocan los fines comerciales por encima de los intereses de la República; ante la agresión imperial de la superpotencia, nunca fue tan urgente como necesario el preclaro ejemplo juarista.

Ante la agobiante realidad mundial y nacional, el pensamiento del ilustre oaxaqueño es puntualmente justo, lúcido y, en consecuencia, orientador del rumbo del país y esperanza de paz para el mundo.